Cosas de niños.
Tengo el recuerdo de niño en mi casa del pueblo de Glez Moreno, que vale aclarar, no es lo mismo que recordar algo que hicimos de grandes. Cuando empiezo a explorar esa pila de imágenes, sensaciones, sonidos y olores, todo gira en torno a un lugar inmenso, mágico, lleno de escondites secretos, pistas de aviones, canchas de fútbol y campos de batalla, donde en medio de titánicas luchas de superhéroes con mi nombre, monstruos espeluznantes y perros que miraban confundidos, el terreno era atravesado por mi hermana y sus muñecas aportando un dejo de inocencia a tan combativo escenario. Pasaron muchos años sin volver a esa casa que hoy habita otra familia, hasta que el año pasado, de visitas por el pueblo y después de mirarla por fuera un ratito, me decidí a golpear la puerta y pedir si me dejaban pasar. Inicié el recorrido con la ilusión de encontrar lo que dejé de niño al mudarme, pero en cada paso que daba iba desconociendo los espacios, el garaje, donde gané más mundial...