No extrañarte…





¿Qué extraño de ti?
No sé;
en las mañanas al despertar
no busco los mensajes como lo hacía
con la esperanza de observar el tuyo.

Al caminar no es necesaria
la presencia que me dabas,
los amigos dejaron de preguntar por ti
y el niño que vende rosas dejó de insistir.

En las noches inusitadas donde
visitábamos tantos lugares
son abrigadas por otras compañías
alegrando el alma.

¿Qué extraño de ti?
No sé,
tal vez lo que extraño
          es no extrañarte.


Gustavo Huerta
G. H.

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