La despedida




Pero nunca dejé de amarte
fueron los malos tiempos,
los que taparon el recuerdo
que alguna vez reclamaste.

Y no dejé de pensarte,
es esta loca creencia,
que me atrapa de noche
y por la que voy jadeante.

Así continúo en este instante,
lleno de prejuicios,
de una razón verdadera
que me salve rutilante.

Es lo último, lo juro antes
que pronuncies mi nombre,
que sigas mintiendo
que iré urgido a buscarte.


Alexander Galván López

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