Prófugo del recuerdo

porque a donde miro eres reflejo

Allá… detrás de esa nube que está detrás del cielo,
Donde lo oscuro contiene todo lo negro,
Donde casi se toca el fin y empieza de nuevo,
En lo frío, en lo eterno.
Donde el cielo se quiebra por sobredosis.
Donde el espacio te envuelve toda con hojas
Repletas de tinta, he huido de allá, que convencen al tacto.
Porque. a donde miro eres reflejo
Han cambiado las paredes bautizando a los espejos,
Han pintado de reversa los excesos.
Apareces y reapareces en el suelo, en los carros, en la gente
Y mis ojos corren desesperados, urgentes,
Quieren estar libres, que el grito de su mirada corra, libre,
Salten, resbalen por el acantilado que aúlla fuera de mis límites.
Eso, no quiero mis límites, ¡no los quiero!
Para qué quererlos si dentro de ellos eres la imagen del viento,
El perfume de mis cerros, la sonrisa del cielo.
Que mis aguas naden fuera del río, quiero el mar.
¡Si el mar! que la libertad sea la de pájaros.
Quiero anclar esta barca en el presente.
Aquí… porque no quiero que me trague
El agujero negro de tu pupila atlántica.
Tu contenido está en el vaivén de tu mirada oceánica.
Yo soy el prófugo que conoce tus entrañas
Y navego fuera de tus aguas subjetivas.
Que cada viento sea un beso reciente.
Que el futuro sea un sueño a la deriva.

Carlos Enrique Soto



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