"La canción a la Magdalena"




"Un cubata por el maestro Sabina"

Él estaba más solo que la Luna y yo le abría el candado de mi ciudad prohibida

Olvidar a un hombre inteligente cuesta un sin número de hombres estúpidos. Olvidarlo a él me costó "19 días y 500 noches"
Ser recordada como la estrella que te dió una primera vez aumenta tú luz propia. Dejas de brillar con la luz de otros astros. Dejas de robar energía a otros cuerpos celestes .Dejas de autodestruirte; y te conviertes en Sol.
Ya no necesitas orbitar ningún planeta para encontrar calor, para encontrar felicidad, para encontrar amor. Porque siendo Sol lo eres todo, y lo haces todo.
Joaquín me hizo Sol y lo hizo de la manera más hermosa que existe. No me arrancó el alma, al contrario, la hizo crecer.
"Gracias por mí primera vez " dijo la noche que nos conocimos. Y vamos, aclaro para todo aquel que usa su cerebro para viajar infinidades de caminos, y manipular las palabras, que primeras veces hay muchas; que no solo existe la de la cama, esa en la que te entregas totalmente a la persona que una vez creíste, el amor de tú vida. 
Nuestra historia comenzó en una noche sin fecha, en una carretera sin nombre, justo detrás de la gasolinera donde llenaba el tanque de mi carro sin destino y duró menos de lo que dura una botella de Whisky en sus manos.
Era media noche y bajo el pestañear de unas luces de colores verdes, rojas y amarillas hice una izquierda; esta vez juro por los Santos Sacramento que solo doblé en busca de un cartel que dijera "Open 24 hours”; pero lo vi. 
Bajé la ventana y le guiñé un ojo; salió de su camioneta y se acercó a mí.
-Te invito a un trago y te guiñaré la vida - me dijo- 
- Te invito a cien, y después dispones de mí - le contesté mientras mordía mí labio inferior- 

El estaba más solo que la Luna y yo le abría el candado de mi ciudad prohibida; así que no tuvo más remedio que aceptar.
-¿Y si nos vamos al bar de la esquina? - le dije- está a dos millas; después de un "cubata" puede que hasta te cante al oído. 
- Solo con la condición de que no me cierres el balcón de tus ojos -me respondió mientras abría la puerta de mi carro con aquella voz tan madrileña como él solo sabe tener- 

Diez minutos después estábamos en la barra de un bar sin nombre, donde las malas compañías eran las mejores. Y brindó a mi salud.
-¿cómo te llamas? - le pregunté-
-Joaquín, y creo que es momento de que me cantes - susurró a mi oído- 
- "y nos dieron las diez y las once, las doce y la una, las dos y las tres (...) " - comencé a cumplir mi parte del trato cuando su voz disfónica me interrumpió con la siguiente estrofa de la canción. 

-¿La conoces ¿- le pregunté - 
- Yo no permito que me vendan amores sin espinas, tú no vas a ser la primera que me canta esa canción- me contestó mientras introducía la zeta de sus palabras en mi falda-
-Pero si la segunda -y le ericé los pensamientos.-

“Cuidado muchacho que te enamoras" le dijo a su girasol interior mientras dibujaba uno en mi alma. Entre licores y besos robados fuimos envolviéndonos en romance.
Su voz era pureza que me seducía. Sus labios suave espuma que me mojaban en saliva. El piercing de su lengua altar de Dioses, juró por mí que más de una vez una Afrodita cualquiera se perdió en ella. Sus pestañas eran abanico de plumas que llenaban de cosquillas mis mejillas (y mis fantasías).Sus ojos, café que aumentaban el ritmo cardíaco.
¡Oh droga dulce de su ser! Tan poderosa como las alas de aquel ángel que rozó a Santa Teresa. Y su mirada, su mirada era sal traída de los mares de Poseidón; sal que jugaba con mi soledad y se vengaba de los amantes inoportunos. 

- Vamos a mi hotel- me habló despacio- si te decides a regalarme esta madrugada te colmaré de plenitud.
- Mejor la playa. Dejemos que el mar sea nuestro juez- y me reí- 

Cada Farola se convirtió en abrazo, y no de esos efímeros que te dejan con ganas. Eran abrazos de los que ya no existían, de los que estaban en peligro de extinción. Llegamos a la playa y puso su camiseta cortada a los lados en la arena, y nos sentamos.
-Quieres fumar marihuana - me preguntó- 
-¿Marihuana? -le dije- nunca lo he hecho, ni siquiera se aspirar el humo del cigarro.
- Yo te enseño, para eso me tienes; para hacer que cada tabú de tú vida, esta noche, se libere - me dijo mientras me besaba los ojos- 

Enrolló unos pedacitos de colilla verdes que sacó de su bolsillo; brindó por los finales felices y me dio a probar.La noche se consumía con cada inhalación de vida.Yo tenía los ojos rojos y la vista perdida pero sonreía; por todo sonreía.Joaquín buscaba personas que supieran volar, yo tenía alas y era capaz de cortarlas por él. 

- Bañémonos en la playa- le dije mientras me quitaba la ropa- 
- ¿Desnudos? - preguntó - 

Abrí mis brazos y corrí al agua, Joaquín me siguió y con el golpe de una ola me abrazó. Puso sus manos alrededor de mi espalda y empezó a besarme el cuello. Sus dedos penetraban mi intimidad y se embarraban de obscenidad; así como se embarraban sus oídos de palabras atrevidas, palabras libres. Puse mis pies alrededor de su cuerpo y borré toda formalidad. Arañó mis miedos y desató mis demonios, tan indefensos, tan bestiales y tan esclavos de sus movimientos.

-¿Cómo te llamas mujer de curvas redentoras?- suspiró en mi oreja - 
- Magdalena - le dije 
- Gracias por mi primera vez Magdalena; gracias por saber que siente la sangre cuando te conviertes en el animal de caza para una piel zorra cobrizo. Por favor, quédate conmigo; entrégate a mí que este corazón salvaje aburrido de orgasmos baratos quiere hacer el amor- y me besó las entrañas .Yo en cambio, grité su nombre suavecito, letra por letra.

Esa noche dormimos en la arena desnudos de ropa y desnudos de alma. A la mañana siguiente no estaba a mi lado, se había marchado. Me vestí y comencé a caminar hasta donde había dejado mi carro. En el medio del camino, una noche de luna nueva con ojos amarillos detuvo mi curso; el gato negro me miraba como si me conociese, como si me cuidase, como si viviese para mí. Seguí mi ruta entre las farolas y llegué hasta la gasolinera. En el cristal de mi carro había una nota que decía: 

“Si llevas grasa en la guantera 
o un alma que perder,
aparca, justo a sus caderas 
de leche y miel.
Entre dos curvas redentoras 
la más prohibida de las frutas 
te espera hasta la aurora, 
la más señora de todas las pu***
la más pu****a de todas las señoras." 
~Joaquín ~
    


Laura Marrero


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