Confesión

Pero cuesta tanto el olvido y sólo tengo tiempo en mis manos. Tiempo que se escurre entre mis dedos, y yo sigo aquí queriéndote.

Son mis manos impregnadas de rocío
las que saben decirte cuanto te espero.
Mientras surco cargado de esperanza un espacio infinito
entre las grietas ardientes de tus labios y los míos
donde solo puedo distinguir un suave balbuceo
que se desprende de tu boca,
un aire de esperanza que ya no discrimina los sueños
ni esta triste realidad donde me encuentro.

De donde (aquí niña mía) te confieso
que no he dejado de quererte,
y he comprado el olvido y tantos amores,
para no sentirte en mi pecho.
Pero cuesta tanto el olvido
y sólo tengo tiempo en mis manos.
Tiempo que se escurre entre mis dedos,
y yo sigo aquí queriéndote.
Queriéndote sin rencores sin exigencias.
Queriéndote libre y soñadora,
queriéndote ya sin tiempo
sin un descanso.

¡Queriéndote sin dudas!

Queriéndote sin distancia, sin espacio.
Queriéndote, a veces sin razón,
sin preguntas y sin temores.
Queriéndote, simplemente queriéndote...

(Dejando en el sendero todo cuanto yo he podido quererte.)

Pero si un día niña mía el olvido lograra alcanzarte,
lograra como a una presa cazarte
y desvanecer este querer que te forma,
ojalá y sólo ojalá
no exista en vos un querer,
que hacia mi naciera,
ni un pequeño sentimiento,
y ni una gota de arrepentimiento...

C. Baldelomar 



 


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