La frase de la imagen es ilustrativa Volver al barrio siempre es una huida casi como enfrentarse a dos espejos uno que ve de cerca / otro de lejos en la torpe memoria repetida la infancia / la que fue / sigue perdida no eran así los patios / son reflejos / esos niños que juegan ya son viejos y van con más cautela por la vida el barrio tiene encanto y lluvia mansa rieles para un tranvía que descansa y no irrumpe en la noche ni madruga si uno busca trocitos de pasado tal vez se halle a sí mismo ensimismado / volver al barrio siempre es una fuga. Mario Benedetti
Todavía quedan restos de humedad, sus olores llenan ya mi soledad. En la cama su silueta se dibuja cual promesa de llenar el breve espacio en que no está. Todavía yo no sé si volverá, nadie sabe al día siguiente lo que hará. Rompe todos mis esquemas, no confiesa ni una pena, no me pide nada a cambio de lo que da. Suele ser violenta y tierna, no habla de uniones eternas, mas se entrega cual si hubiera sólo un día para amar. No comparte una reunión, mas le gusta la canción que comprometa su pensar. Todavía no pregunté "¿te quedarás?". Temo mucho a la respuesta de un "jamás". La prefiero compartida antes que vaciar mi vida. No es perfecta, mas se acerca a lo que yo, simplemente, soñé. Pablo Milanés - Disco : Comienzo y final de una verde mañana
"Él me queria... Me quería de una forma rara de esas que hacen daño. Pero que a pesar de todo es adictiva...Teníamos formas diferentes de querer. Él me daba lo que le sobraba... Y yo... Yo le daba lo único que tenía". -Frida Khalo.
Las mejores frases y poemas de José Ángel Buesa Ya sólo eres aquella que tiene la costumbre de ser bella. Ya pasó la embriaguez. Pero no olvido aquel deslumbramiento, aquella gloria del primer momento, al ver tus ojos por primera vez. Yo sé que, aunque quisiera, no he de volverte a ver de esa manera. Como aquel instante de embriaguez; y siento celos al pensar que un día, alguien, que no te ha visto todavía, verá tus ojos por primera vez. José Ángel Buesa - Poemas prohibidos (1959)
Dondequiera que estés, te gustará saber que por flaca que fuese la vereda no malvendí tu pañuelo de seda por un trozo de pan y que jamás, por más cansado que estuviese, abandoné tu recuerdo a la orilla del camino y por fría que fuera mi noche triste, no eché al fuego ni uno solo de los besos que me diste. Por ti, por ti brilló mi sol un día y cuando pienso en ti brilla de nuevo sin que lo empañe la melancolía de los fugaces amores eternos. Dondequiera que estés te gustará saber que te pude olvidar y no he querido, y por fría que sea mi noche triste no echo al fuego ni uno solo de los besos que me diste. Dondequiera que estés... si te acuerdas de mí. Joan Manuel Serrat
Cuando sientas tu herida sangrar cuando sientas tu voz sollozar cuenta conmigo (de una canción de Carlos Puebla)) Compañera usted sabe puede contar conmigo no hasta dos o hasta diez sino contar conmigo si alguna vez advierte que la miro a los ojos y una veta de amor reconoce en los míos no alerte sus fusiles ni piense qué delirio a pesar de la veta o tal vez porque existe usted puede contar conmigo si otras veces me encuentra huraño sin motivo no piense qué flojera igual puede contar conmigo pero hagamos un trato yo quisiera contar con usted es tan lindo saber que usted existe uno se siente vivo y cuando digo esto quiero decir contar aunque sea hasta dos aunque sea hasta cinco no ya para que acuda presurosa en mi auxilio sino para saber a ciencia cierta que usted sabe que puede contar conmigo. Mario Benedetti - Poemas de otros
Una mujer se ha perdido conocer el delirio y el polvo; se ha perdido esta bella locura, su breve cintura debajo de mí. Se ha perdido mi forma de amar; se ha perdido mi huella en su mar. Veo una luz que vacila y promete dejarnos a oscuras; veo un perro ladrando a la luna, con otra figura que recuerda a mí. Veo más: veo que no me halló; veo más: veo que se perdió. La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes. Los amores cobardes no llegan a amores o a historias, se quedan allí: ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar. Una mujer innombrable huye como una gaviota y yo, rápido, seco mis botas, blasfemo una nota y apago el reloj. Que me tenga cuidado el amor, que le puedo cantar su canción. Una mujer con sombrero —como un cuadro del viejo Chagall—, corrompiéndose al centro del miedo, y yo, que no soy bueno, me puse a llorar. Pero entonces lloraba por mí y ahora lloro por verla morir. Silvio Rodríguez - Disco :...