La chica que tocaba


¿Si yo fuera tu poeta? preguntaba en mi cabeza, cuando ella musitaba: quién fuera tu trovador.

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La chica que tocaba, a su guitarra hizo cosquillas,
la guitarra que dormía, luego entonces despertó;
la chica que tocaba comenzó una melodía,
la guitarra ahora despierta, de reír ya no paró.

La chica que tocaba con mis manos, su muñeca.
ordenó un par de bebidas y a mi oído preguntó
si a la chica que tocaba alguna vez la había oído.
-Se me hacía conocida su guitarra, a ella no-.

La chica que tocaba esa noche en aquel bar
sonreía y estiraba las esquinas de su boca;
ella hablaba y exponía el nacer de su canción.
Su voz una artesanía que se coloreaba roja.

La chica que tocaba con mis manos su antebrazo,
opinaba que el lugar era perfecto y oportuno;
que la música y la gente alternaban sus historias,
que la chica que tocaba, me había dejado mudo.

La chica que tocaba y que componía también,
en su estrofa invitaba no sé a quien a descansar;

su mirada la guardaba en unos ojos que cerraba
y aunque éstos no dormían, suplicaba despertar.

La chica que tocaba mi costado abandonó
la chica que tocaba ahora estaba acompañada;
una trompeta se adhería a su voz y sus acordes.
Si pedían una canción, ella atenta la cantaba.

La chica que tocaba, conocía la nueva trova
y en su femenina voz se escuchó Playa girón.
¿Si yo fuera tu poeta? preguntaba en mi cabeza,
cuando ella musitaba: quién fuera tu trovador.

Francisco Javier Paniawa.

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