Arrebato de amor




Y ahí estabas, consciente del magnetismo seductor de tus palabras,
 arrasando con tu figura varonil,
 decidido, como experimentado cazador que apunta a su presa y espera.
 Y nada pude hacer para evitarte (o no quise),
 como una gacela que se para frente al objetivo del arma
 que la está apuntando, me quedé inmóvil.
 Tu mirada me cautivó y tu sonrisa,
¡ah tu sonrisa me enamoró!
 Sin pensar, en el otoño de mi vida floreció otra vez la primavera.
Y el momento más esperado fue llegando,
la ansiedad nuestro mundo fue forjando
y lo redujo a la intimidad de mi cuarto.
Frente al altar de nuestras intimas emociones,
sobre aquel lecho tibio donde tus manos esculpen mi figura
y mis labios sedientos de ti beben tu néctar,
entregados a esta pasión que nos devora.
Y fundidos en nuestros jugos vitales,
siendo dos fuimos uno y el amor en nuestra piel quedó tatuado.
Y el cazador a su vez fue cazado.
Así se repite cada día la liturgia de este amor desenfrenado,
extrañarte y esperarte no es en vano (lo confieso)
eres todo lo que siempre yo he soñado.
Y aunque el mundo se nos ponga de cabeza
y nos juzguen sin razón, no nos importa.
No pueden comprender a los amantes,
aquellos que nunca han amado.


Laura Roda

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