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Leningrado -Joaquín Sabina

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Me doctoré en tus labios de ocasión
en una sórdida pensión de Leningrado
sin pasaporte y fuera de la ley
pero borracho como un rey desheredado.

Cincuenta rublos era un potosí
y tú desnuda un maniquí de grana y oro
nos dieron llaves de la suite nupcial
que era un cuartucho de hospital sin inodoro.

Nos quedaba para un vodka con limón
cuando agonizó el palique, qué ansiedad,
te empecé a desabrochar la gabardina.

No era fácil en la Unión Soviética

ir por condones a recepción
a años luz de la rutina
anidó una golondrina en mi balcón.

No sé qué nos pasó ni cómo fue,
que nos cruzáramos aquella noche loca
balbuceamos cursiladas todo a cien
y rodamos descosiéndonos la boca
nos matábamos de ganas de vivir.

No dormir era más dulce que soñar
y envejecer con dignidad
una blasfemia.

Tú con boina, yo con barba, ¡viva el Che!,
recién conversos a la fe del hombre nuevo.

No había caído el Muro de Berlín
ni reventado el polvorín de Sarajevo
porque la revolución tenía un talón de Aquiles al portador.

Y …


Volver a los 17 - Violeta Parra

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Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo
es como descifrar signos
sin ser sabio competente.
Volver a ser de repente
tan frágil como un segundo,

volver a sentir profundo
como un niño frente a Dios,
eso es lo que siento yo
en este instante fecundo.

Se va enredando, enredando,
como en el muro la hiedra,
y va brotando, brotando,
como el musguito en la piedra,
ay, sí sí sí.

Mi paso retrocedido,
cuando el de ustedes avanza;
el arco de las alianzas
ha penetrado en mi nido
con todo su colorido,
se ha paseado por mis venas
 hasta las duras cadenas
con que nos ata el destino
es como un diamante fino
que alumbra mi alma serena.

Lo que puede el sentimiento
no lo ha podido el saber,
ni el más claro proceder
ni el más ancho pensamiento.

Todo lo cambia el momento
cual mago condescendiente,
nos aleja dulcemente
de rencores y violencia:
solo el amor con su ciencia
nos vuelve tan inocentes.

El amor es torbellino
de pureza original;
hasta el feroz animal
susurra su dulce trino,
detiene a los p…

El violín de becho - Alfredo Zitarrosa

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Becho toca el violín en la orquesta,
cara de chiquilín sin maestra,
y la orquesta no sirve, no tiene

más que un solo violín que le duele.

Porque a Becho le duelen violines,
que son como su amor, chiquilines;
Becho quiere un violín que sea hombre,
que al dolor y al amor no los nombre.

Becho tiene un violín que no ama,
pero siente que el violín lo llama,
por la noche como arrepentido,
vuelve a amar ese triste sonido.

Mariposa marrón de madera,
niño violín que se desespera,
cuando Becho no toca y se calma,
queda el violín sonando en su alma.

Porque a Becho le duelen violines,
que son como su amor, chiquilines;
Becho quiere un violín que sea hombre,
que al dolor y al amor no los nombre.

Vida y muerte, violín, padre y madre;
canta el violín y Becho es el aire,
ya no puede tocar en la orquesta,
porque amar y cantar eso cuesta.

Lararalararailalalaila…
Alfredo Zitarrosa



La otra copa del brindis - Mario Benedetti

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Al principio ella fue una serena conflagración
un rostro que no fingía ni siquiera su belleza
unas manos que de a poco inventaban un lenguaje
una piel memorable y convicta
una mirada limpia sin traiciones
una voz que caldeaba la risa
unos labios nupciales
un brindis

es increíble pero a pesar de todo
él tuvo tiempo para decirse
qué sencillo y también
no importa que el futuro
sea una oscura maleza

la manera tan poco suntuaria
que escogieron sus mutuas tentaciones
fue un estupor alegre
sin culpa ni disculpa
él se sintió optimista
nutrido
renovado
tan lejos del sollozo y la nostalgia
tan cómodo en su sangre y en la de ella
tan vivo sobre el vértice de musgo
tan hallado en la espera
que después del amor salió a la noche
sin luna y no importaba
sin gente y no importaba
sin dios y no importaba
a desmontar la anécdota
a componer la euforia
a recoger su parte del botín

mas su mitad de amor
se negó a ser mitad
y de pronto él sintió
que sin ella sus brazos est…

Yolanda - Pablo Milanés

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Esto no puede ser no más que una canción;
quisiera fuera una declaración de amor,
romántica, sin reparar en formas tales
que pongan freno a lo que siento ahora a raudales.

Te amo,
te amo,
eternamente, te amo.

Si me faltaras, no voy a morirme;
si he de morir, quiero que sea contigo.
Mi soledad se siente acompañada,
por eso a veces sé que necesito
tu mano,
tu mano,
eternamente, tu mano.

Cuando te vi sabía que era cierto
este temor de hallarme descubierto.
Tú me desnudas con siete razones,
me abres el pecho siempre que me colmas
de amores,
de amores,
eternamente, de amores.

Si alguna vez me siento derrotado,
renuncio a ver el sol cada mañana;
rezando el credo que me has enseñado,
miro tu cara y digo en la ventana:
Yolanda,
Yolanda,
eternamente, Yolanda.

Pablo Milanés - Disco : Yolanda
*Pablo Milanés dedica esta canción a Yolanda Benet quien fue su esposa desde 1969 a 1973 y madre de sus 3 hijas mayores. Yolanda se convirtió en un clásico de la trova y ha sido cantada por diversos interpr…

Y el amor - Joan Manuel Serrat

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El milagro de existir.
El instinto de buscar.

La fortuna de encontrar.
El gusto de conocer.

La ilusión de vislumbrar.
El placer de coincidir.
El temor a reincidir.
El orgullo de gustar.
La emoción de desnudar.
y descubrir, despacio, el juego.
El rito de acariciar
prendiendo fuego.

La delicia de encajar
y abandonarse.
El alivio de estallar
y derramarse.

Y el amor,
el amor,
el amor,
el amor,
el amor,
el amor.


Culpable - Joaquín Sabina (Salvador Távora - Alfonso Santiesteban)

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Yo no te culpo a ti de que la vida
nos marque dos caminos tan opuestos,
no me culpes a mí de las heridas
que mis labios dejaron en tu cuerpo.

Y cúlpame de quererte por encima
del deber, del placer y el sufrimiento,
de haberte dado un alma que no era mía,
se la vendí yo a una mujer hace ya tiempo.

Yo me llevé el aliento de tu boca
y te dejé caer todos mis besos
para que no me culpes en la vida
de que sigamos dos caminos tan opuestos.

Y cúlpame de que te quise por encima
del deber, del placer y el sufrimiento,
de haberte dado un alma que no tenía,
se la vendí yo a otra mujer hace ya tiempo.

Yo me llevo el aliento de tu boca
y te dejo el tormento de mis besos
para que no me culpes en la vida
de que sigamos dos caminos tan opuestos.

Salvador Távora - Alfonso Santiesteban Joaquín Sabina