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Rayuela/Capítulo7

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Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirs…


Sobre fuegos en el camino

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Nació el lucero del alba,
portador de rebelión.
desolada la tierra que habita;
y nunca le vi de rodillas,
sino muriendo en la vorágine
de luchar sin armadura.


Una vez
amé esos ojos miel,
agrestes
como hogueras encendidas,
lunas llenas,
y odié verlos de lejos
inalcanzables.


En el camino lo decidí:
¡Seré un demonio!
Desolada la tierra
y ya no la habito,
pues yo la poseo.

También en su momento
canté versos al mundo.
Él escucho y me dijo:
¡Calla!
¡No serás más lucero!
Abraza la oscuridad,
las raíces,
la idiotez circundante.
Y abrazando árboles
comprendí por fin
que nací alumno, no maestro.


Ya no todo lleva su nombre,
ahora mutó,
solo fue una escala,
la más hermosa,
la más salvaje,
la vi entre añil y aguamarina,
efímera. Un sueño.

El final del camino
lo recorrerá este fuego,
apagado,
sólo,
sentado en la orilla,
puede que roto,
pero nunca más pequeño.


Esperaré frente al mar,
sobre la arena,
y sé que las olas
traerán de vuelta
lo que siempre fue mío.
Quizás vea la rebelión
venir contigo de …

Almas desesperadas

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Encantador momento en el cual la sabanas tan blancas como la nieve acarician tu cuerpo y dejan caer suavidad sobre la tersa y hermosa piel que el viento acaricia una y mil veces mas, esta noche y cuántas noches más podría ser viento y jugar con tu cabello, ésta y mil noches más cuántas veces mas podría ser viento y rosar tus labios carnosos que provocan el más eterno beso encarnado en piel y deseo. 


Desnudaré tu alma con mi pensamiento, fornicaré tu corazón con mis palabras, acariciaré tu corazón con mis suspiros y beberé de tu manantial de vida hasta tu último suspiro, dejaré en ti la huella de mis labios, en cada rincón de tu mente dejaré mis caricias, en cada pensamiento y en cada sensación estaré en ti y despertaré lo que en tu cuerpo estaba escondido para deleite de mi alma. 
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Te quiero porque tienes

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Autonecrología V   Jaime Sabines



Te quiero porque tienes las partes de la mujer
en el lugar preciso
y estás completa. No te falta ni un pétalo,
ni un olor, ni una sombra.
Colocada en tu alma,
dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo,
leche de luna en las oscuras hojas.

Quizás me ves,
tal vez, acaso un día,
en una lámpara apagada,
en un rincón del cuarto donde duermes,
soy una mancha, un punto en la pared, alguna raya
que tus ojos, sin ti, se quedan viendo.
Quizás me reconoces
como una hora antigua
cuando a solas preguntas, te interrogas
con el cuerpo cerrado y sin respuesta.
Soy una cicatriz que ya no existe,
un beso ya lavado por el tiempo,
un amor y otro amor que ya enterraste.
Pero estás en mis manos y me tienes
y en tus manos estoy, brasa, ceniza,
para secar tus lágrimas que lloro. 
¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras
me dirás que te amo? Esto es urgente
porque la eternidad se nos acaba. 
Recoge mi cabeza. Guarda el brazo
con que amé tu cintura. No …

Sin Respuesta

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Miradas que llaman,
miradas que matan,
desvelos furtivos y no concluidos,
labios de fuego, labios de juego,
labios asesinos en un mundo de enredos,
seres de luz, seres de oscuridad,
seres de este mundo y del mas allá,
¿cuál de todos eres y en cuál te conviertes
cada que llega la noche y
cada que llega el día,
a que brazos te has lanzado y
en que brazos habéis despertado,
qué labios te han profanado y
a qué labios habéis matado?.

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Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo...

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Soneto XXII


Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo,
sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,
en regiones contrarias, en un mediodía quemante:
eras sólo el aroma de los cereales que amo.

Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa
en Angola, a la luz de la luna de Junio,
o eras tú la cintura de aquella guitarra
que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido.

Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.
En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.
Pero yo ya sabía cómo era. De pronto

mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:
frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.
Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.

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Romance de la venganza

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Cazador alto y tan bello
Como en la tierra no hay dos,
Se fue de caza una tarde
Por los montes del Señor.

Seguro llevaba el paso,
Listo el plomo, el corazón
Repicando, la cabeza
Erguida y dulce la voz.

Bajo el oro de la tarde
Tanto el cazador cazó,
Que finas lágrimas rojas
Se puso a llorar el sol...

Cuando volvía cantando
Suavemente a media voz
Desde un árbol, enroscada,
Una serpiente lo vio.

Iba a vengar a las aves,
Mas, tremendo, el cazador
Con hoja de firme acero
La cabeza le cortó.

Pero aguardándolo estaba
A muy pocos pasos yo...
Lo até con mi cabellera
Y dominé su furor.

Ya maniatado le dije:
—Pájaros matasteis vos,
Y voy a tomar venganza
Ahora que mío sois...

Mas no lo maté con armas,
Busqué una muerte peor:
¡Lo besé tan dulcemente
Que le partí el corazón!

        Envío

Cazador: si vas de caza
Por los montes del Señor,
Teme que pájaros venguen
Hondas heridas de amor.

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