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Me gusta la gente simple - Facundo Cabral

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Me gusta la gente simple
aunque yo soy complicado la gente de casa pobre y corazón millonario.
La que todavía suda, la que se rompe las manos, la que se juega la vida  por el pan de sus hermanos.
Me gusta la gente simple que al vino le llama vino, la que al pan le llama pan y enemigo al enemigo.
La que se da por entero y  no tiene intermediarios la que comparte conmigo  el respeto a los milagros.
Me gusta la gente simple, que se levanta temprano, porque hay que limpiar la calle, pintar el frente al mercado, bajar del camión la fruta, repartir los telegramas, servir el café, la sopa, pescar, embolsar la papa, cortar el árbol preciso  para hacer una guitarra con la que un día el cantor, caminará por la patria contando la gente simple, que sin ella no hay nada, ni siquiera la milonga que en el mundo me declara.
Me gusta la gente simple que hace la silla y la mesa, los zapatos de mi madre, el vestido de Teresa.
La que ríe fácilmente, la que fácilmente llora, la que inocente confía que un…


Codiciada, prohibida... - Jaime Sabines

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Codiciada, prohibida,
cercana estás, a un paso, hechicera.
Te ofreces con los ojos al que pasa,
al que te mira, madura, derramante,
al que pide tu cuerpo como una tumba.
Joven maligna, virgen,
encendida, cerrada,
te estoy viendo y amando,
tu sangre alborotada,
tu cabeza girando y ascendiendo,
tu cuerpo horizontal sobre las uvas y el humo.
Eres perfecta, deseada.
Te amo a ti y a tu madre cuando estáis juntas.
Ella es hermosa todavía y tiene
lo que tú no sabes.
No sé a quién prefiero
cuando te arregla el vestido
y te suelta para que busques el amor.

Jaime Sabines -Diario semanario y poemas en prosa

Entre pairos y derivas - Fernando Delgadillo

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Te he venido suponiendo
en todos los días que me faltan
tal cual si, pudiera verlos
como son.

Sólo quiero resumirte
que al principio te pensaba
y que hoy contemplo en ti
la costa a donde voy.

Si te cuento que esta unión

de dulce y sal me sujetó
y otras cosas parecidas
que me envuelven y me dan
de imaginar.

Es que me deleito tanto
escuchándome inventarte
en mi prisión
es mi sueño preferido y
no quisiera un día notar
que este encuentro
no me sucedió jamás

A mí que vuelvo a amanecer
para tu aliento, muchas más veces
de las que hubiera confesado ayer.

Que despido al sol poniente
cuando he contemplado el siempre
de tus ojos y por fin comienzo a ver.

Que estoy dejando de callar que te amo
que me detienes la respiración
que atraen mi vida tus puertos tiranos
a donde siempre apuntó mi amante embarcación.

Mi existencia el pescador
que a diario le tendió a la vida
sus resplandecientes redes de ultramar
donde arde el astro poeta
que se ilumina a sí mismo
y viaja y sueña en su eterna senda solar

*



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