Gratitud - Katia Márquez







Cada segundo se nos otorga algo, aunque muy pocas veces hacemos una pausa para respirar, sonreír y agradecer lo que el universo nos pone en el camino. Reflexiono al respecto y decido tomar mi pausa hoy, para agradecer lo que ha sido puesto en mis manos y en mi corazón.

Agradezco estos poros abiertos en mi piel que cantan como un sinsonte matutino al que le urge despertar corazones dormidos.

Agradezco mi imaginación, que a veces me desvela y me inunda de un baño de miedos y vacíos pero que casi siempre me sorprende y derrama sobre mí su lluvia creativa, sin la cual mi existencia sería nula.

Agradezco la energía violeta que esconden mis neuronas volviéndolas espíritu.

Agradezco mi vista, que aunque a veces se nubla, no deja de ser cielo expandido que contempla la belleza de la humanidad.

Agradezco el olfato que me permite distinguir entre la lluvia y las olas, entre el viento y el trueno.

Agradezco escuchar, porque puedo sentir el canto de las estrellas, el latido de mi corazón y el silencio de mi mente.

Agradezco mi voz, con la que puedo sanar las heridas de mi alma.

Agradezco tocar una flor y sentir cómo sus pétalos vibran entre mis dedos.

Agradezco mis manos y mis pies, de donde nace el vuelo de mi esencia.

Agradezco el aprendizaje de mis inseguridades.

Agradezco todos mis defectos que me hacen seguir esta batalla cotidiana de intentar convertirme en agua que riega los senderos desiertos.

Agradezco todo lo que me falta y lo mucho que tengo, mi paz, mis inquietudes, mi cordura y locura, mi fe y mi escepticismo.

Agradezco por todo, por vivir, por sentir, por estar y por ser, por cerrar, por abrir, por ganar y perder.

Agradezco y entonces, experimento Un Cambio: Mis ojos solo ven el verde del otoño a pesar de las hojas caídas, ya no escucho los ruidos porque todo a mí alrededor se transforma en melodía interpretada por la majestuosidad del infinito.

Agradezco y mi vida se convierte en abrazo interminable y siento una inmensidad tan “sin palabras” que me vuelvo invencible, inmune ante el fracaso.

Agradezco y me siento millonaria del alma porque sé que ahora mismo, en este instante tan preciso, alguien, en cualquier rinconcito de esta tierra, está rezando por tener lo que yo tengo.

Katia Márquez

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