Angustia





Él sigue caminado por los mismos lugares,
su sonrisa desapareció,

el rostro lo dirige al suelo, su mente no
lo deja descansar, su corazón está herido.

La gente lo juzga, piensan que es malo,
critican sus ojos que ya dejaron de brillar,
lo condenan y se alejan de él, nadie se
acerca a saludarlo, preguntarle si está bien.

Su alma está destrozada por un amor
traicionero, colmó sus ilusiones en un
amor que se apartó en busca de aventuras,
dejándolo solo, sin inspiración para escribir.

Sus manos tiemblan, no quiere tocar la guitarra,
su canto dejó de escucharse en las noches,
solamente quedaron los recuerdos de un
hombre venturoso destrozado por el tiempo.
¡No señalemos lo que es desconocido! Finalmente
¿Qué sabemos del dolor ajeno? Es difícil
comprender la amargura ajena… las pasiones
son desdichas que marcan de por vida.
Gustavo Huerta
G.H.

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