Los pescadores


Los pescadores ya han vuelta,  sus pequeños y destartalados botes languidecen en la ensenada, las estrellas ya se vislumbran, y la luna recién ha hecho su aparición. Si se mira desde lejos diríamos que es una acuarela de Van Gogh,

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La noche está próxima, bandadas de aves regresan a sus nidos,
los pescadores ya van de vuelta,
sus pequeños y destartalados botes languidecen en la ensenada,
las estrellas ya se vislumbran, y la luna recién ha hecho su aparición.
Si se mira desde lejos diríamos que es una acuarela de Van Gogh,

Sobrevuelo el pueblo, a esta hora es mi gran placer,
la vida se reagrupa, comienza el rito del anochecer,
los olores cambian, los sonidos también,
la gente no corre, camina, piensa, sueña
ahora son un día más viejos, más sabios, pero más cercanos a la muerte.

Ellos no lo piensan, no les importa,
día a día lidian con la muerte en el mar,
Hades no los asusta, saben que tarde o temprano,
Caronte en su balsa los ha de llevar.

Pero la vejez es otra cosa, la respetan, pero le temen
inactividad perenne, no hay fuerza para pescar,
Geras los persigue, los quiere atrapar, ellos luchan,
pero saben que al final el vencerá.

Piel curtida por el sol, manos callosas,
una vida dura les tocó,
en invierno el agua se congela, el viento corta la cara,
en verano el sol abrasador los quema, produce ampollas, cuánto dolor.

Recorro acantilados, el pueblo, embarcaderos,
hasta que por fin encuentro lo que busco,
el resplandor de las llamas juguetonas en la noche,
me lo confirma, ¡los encontré!

Todas las noches al final de la cena se reúnen,
lo vienen haciendo desde hace siglos,
desde el principio de sus tiempos,
momento sagrado de su existir.

Conjugan sus vidas en estas horas,
de aquí salieron las sirenas, los monstruos marinos,
calamares gigantes que vencieron,
y lloran a los que nunca volvieron.

Ellos aman el mar, son parte de él
pero lo respetan como a un amigo mayor
donde a su gracia obtienen su sustento,
sus risas, alegrías y a veces dolor.

Los he visto partir por siempre,
unos regresan otros no,
pero invariablemente al despuntar el alba vuelven a salir,
atrás quedó el dolor de un amigo, la alegría de un nuevo hijo
Son hombres de mar, de honor, de trabajo
sus mujeres como siempre lo han hecho,
con una vela en la ventana los han de esperar
rogándole a Poseidón que se los devuelva,
por lo menos un día más.

Juan Carlos Bolanos





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