Divagaciones de un viejo

Me gusta detenerme y sentir la vida, jugar como un niño, brindar mi amistad sin miedo a perder. Depositar un beso sin afán de poseer. Correr sin ser perseguido y sin perseguir.

Me dijeron que estaba muy viejo
me pidieron guardar compostura
también quisieron atarme las alas
y no advirtieron que estaba muy lejos
revoloteando allá en las alturas
donde suelen anidar las locuras.

Qué poco saben de los desapegos
que traen los años. De las ataduras
que siempre intentan atarnos al suelo
que siempre quieren llenarnos de miedo
qué poco de las liberaciones que trae el tiempo.

Algunas son tan simples como las del calendario
y otras tan profundas como las de los sentimientos.

Pensando en estas cosas estaba
cuando recordé que, allá lejos y hace mucho,
escribiera estos versos que renacen o nunca murieron:

"Me gusta detenerme y sentir la vida,
jugar como un niño,
brindar mi amistad sin miedo a perder.
Depositar un beso sin afán de poseer.
Correr sin ser perseguido y sin perseguir.
Me gusta sentir la vida
latiendo en mis venas,
jadeando en mí pecho,
bullendo por mis poros.
Sentir su energía que,
escapando de mi cuerpo,
me hace trascenderlo
y sentir - por fin - que encuentro
lo que creo estar perdiendo."

Hoy, mis besos tienen mucho de despedida
mis abrazos, en lugar de retener, buscan empujarte
para que te animes a ser eso que, sin saberlo, ya eres.

Dentro de la cordura sumisa del mundo
me siento un feliz divagante
porque nada pido ni espero, tan sólo ofrezco
lo que nunca fue mío, y así me libero
de posesiones mentirosas.

Entonces sale a mi encuentro
lo que creí haber estado perdiendo.

Gerardo



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