lunes, 29 de agosto de 2016

La aristocracia del barrio


Entre el bar y la bolera
rondan las aceras
controlando el barrio desde una esquina.
En el índice una alhaja.
El pelo a navaja.
Salpicando betún y brillantina.
Óigales silbar...
Parecen estar
esperándole vecino
para jugar
un mano a mano a los chinos.

Son la aristocracia del barrio.
Lo mejor de cada casa
tomando el sol en la plaza.

Tienen a la madre anciana,
virgen a la hermana
y en las Ramblas, una que es del asunto.
Un padre que murió un día
y la filosofía
del tapete, el compañero y el punto.

Mírenlo burlar... (Míralo jugar...)
Sin pestañear...
Nació chulo y sin remedio.
Pide con seis
y se planta en dos y medio.

Son la aristocracia del barrio.
Tahúres, supersticiosos,
charlatanes y orgullosos.

Traficando en transistores,
en encendedores,
en cosméticos y en bisutería
hasta que el cante de un socio
les cierre el negocio
como poco por seis meses y un día.

Igual que se van
reaparecerán
hechos un figurín, pero
con el color y el perfume del talego.

Son la aristocracia del barrio.
Tránsfugas independientes
mejorando a los presentes.

Si les sigue usted los pasos
verá más de un caso
en la puerta de un Juzgado de Guardia,
que por la hembra y el retaco
deja hasta el tabaco
y hurga en las demandas de La Vanguardia.

Envejecerán
horneando pan.
Cada cual muere a su modo.
Qué se va a hacer
si ha de haber gente pa' todo.

Y la aristocracia del barrio
sentimentales y buenos
en el bar, le echan de menos.

Joan Manuel Serrat





 

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