Historia de las sillas

El que tenga una canción tendrá tormenta, el que tenga compañía, soledad. El que siga buen camino tendrá sillas peligrosas que lo inviten a parar.

En el borde del camino hay una silla,
la rapiña merodea aquel lugar.
La casaca del amigo está tendida,
el amigo no se sienta a descansar.
Sus zapatos, de gastados, son espejos
que le queman la garganta con el sol.
Y a través de su cansancio pasa un viejo
que le seca, con la sombra, el sudor.

En la punta del amor viaja el amigo,
en la punta más aguda que hay que ver.
Esa punta que lo mismo cava en tierra,
que en las ruinas, que en un rastro de mujer.
Es por eso que es soldado y es amante,
es por eso que es madera y es metal.
Es por eso que lo mismo siembra rosas,
que razones de banderas y arsenal.

El que tenga una canción tendrá tormenta,
el que tenga compañía, soledad.
El que siga buen camino tendrá sillas
peligrosas que lo inviten a parar.
Pero vale la canción buena tormenta,
y la compañía vale soledad.
Siempre vale la agonía de la prisa,
aunque se llene de sillas la verdad.

Silvio Rodríguez 




 

Entradas más populares de este blog

Poema de la despedida

Te amaré

Yolanda

Y nos dieron las diez

Amor se llama el juego

La mujer que yo quiero

Táctica y estrategia

Óleo de mujer con sombrero

Sin tu latido